Grecia: Carta de Olga Ikonomidou desde la celda de aislamiento

En este momento estoy escribiendo estas pocas líneas desde el aislamiento. 30 días del aislamiento es el precio de mi rechazo a vender mi dignidad, por 5 minutos obedeciendo al humillación del cacheo.
Sigo sin arrepentirme de mi decisión. No voy a regalar ni un segundo de compromiso a lxs carcelerxs. No voy a cambiar mis negaciones y opciones por el “calor del hogar” de una celda normal ni por la “libertad” de poder salir al patio junto al resto de la población carcelaria.
No busco de convertirme en una presa normal y “de estadística” más, una que,como una perra, se pone de pie sobre sus patas traseras frente a lxs de servicio penitenciario, una que cumple su condena “tranquilamente”, una que viaja en las alucinaciones de las pastillas estupefacientes o una que siendo presa “vieja” se pone chula frente a las nuevas.
Durante el tiempo en que estoy encarcelada he conocido a este densamente poblado desierto de la sociedad carcelaria. Tanto cuando estaba libre, también ahora cuando me encuentro en la parte interior de los muros, sigo siendo la negadora de cada sociedad que se construye destruyendo a mi “ego”, de cada sociedad que imita a los falsos ídolos y deroga a lo auténtico, cada sociedad que sobrevive persiguiendo a sus convenios. Rechazo al ese gentío solitario que se pone sus propios simulacros en vez de la cara, porque no tiene alma para ser unx mismx. Sigo siendo amiga, compañera y ser humano para las y los que dentro suyo mantienen la llama encendida. Para aquellas y aquellos que eligen los peligrosos senderos de los lobos y no las praderas de ovejas.
Para todxs nosotrxs, para lxs anarquistas de praxis, hay veces que la cárcel no es “castigo” suficiente. Por esto nos esperan castigos disciplinarios, traslados e aislamientos.
El aislamiento es una cárcel dentro de la cárcel. Estás encerrada 24 horas al día en una celda con la cama, un aseo interior y el vigilante ojo de una cámara (la cual por fin logré de tapar con una sábana…).
Acá dentro tus únicas amigas son tus pensamientos y recuerdos. Acá dentro los días y las horas se están derogando, se pierden y mueren muy lentamente empujando una al otra…
Durante estos 30 días de aislamiento sin embargo no me quedé sola. Tenía algunxs extrañxs y bellxs visitantes que a escondidas y “furtivamente” pasaron por mi celda rompiendo el aislamiento.
Era el bello eco de los disparos de la Célula Olga/FAI/FRI contra esa escoria de la empresa nuclear, Adinolfi (hermanxs ,os AGRADEZCO por la sonrisa que me habéis regalado), era el ruido singular de las explosiones de ANFO y de dinamita en Ecuador, en Bolivia (¡Fuerza a lxs compañerxs detenidxs!), en Perú, era la agradable noticia de Eat y Billy, mis hermanos aprisionados en Indonesia (Eat: tus palabras y tu carta me dieron coraje y fuerza), eran los humos de los incendios causados por la nueva Conspiración de Células del Fuego/FAI/FRI (vuestra voluntad y vuestras prácticas muestran que nada se ha acabado), eran las consignas y gritos de la gente solidaria que montó una concentración delante de la cárcel de Diavara en la cual me encuentro aprisionada, eran todos estos gestos esenciales, los textos, los carteles, los sabotajes (en Volos) y los incendios que con una pintura imborrable graban en mi mente y corazón una frase: “La SOLIDARIDAD entre lxs anarquistas de praxis no son simples palabras”…

Olga Ikonomidou
Miembro de la Conspiración de Células del Fuego-FAI/FRI de primera fase

30 días y sigo en aislamiento, pero la loba que tengo dentro no duerme, no consiente, no perdona…

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